El sexo después de cierta edad

Se adquieren nuevas modalidades, se abandonan otras y cambian las frecuencias. Todo ello modulado por la intensidad que impone la nueva longevidad.

La visión y los tabúes que tenemos sobre la sexualidad de las personas mayores son otros de los viejos principios que comienzan a replantearse. Desafíos tales como parejas que luego de muchos años juntos deciden separarse o personas que a los ochenta se vuelven a enamorar ponen en jaque no solo a las familias, sino a muchas instituciones que no saben cómo adaptarse al cambio.

La sexualidad, a medida que pasan los años, va cambian­do como lo hace nuestro organismo, pero eso no significa que desparezca el deseo ni el placer. Hay dos puntos que sí me pa­recen importantes considerar cuando hablamos de sexualidad y personas mayores:

– La actividad sexual es muy importante en la vida de muchas personas.

– Existe una tendencia al declive de la actividad sexual con la edad. Aspectos como la naturaleza de las relaciones actuales, el pasado y el presente desde el punto de vista comparativo, la frecuencia y el tipo, así como los cambios que el devenir del tiempo ha provocado en noso­tros mismos deben ser considerados y analizados.

Estos aspectos pertenecen a la esfera de la intimidad y muchas veces observamos cómo prejuicios y mitos intentan convencernos de que las personas mayores viven un declinar de posibilidades. Esta construcción social fue la que dominó duran­te muchos años la percepción de la sociedad, sin pensar que cada uno de nosotros seremos mayores el día de mañana; mayores a los que seguramente nos gustaría vivir en pleno de derecho de nuestras decisiones y conductas.

Así como se transforma nuestro organismo, nuestros gustos y costumbres, la sexualidad también se transforma. No es razonable mantener el ritmo de los 20 años, pero sí podemos adecuarnos para poder disfrutarlas en el momento que nos toque.

La narrativa actual suele vincular sexualidad con un único comportamiento como es el coito con penetración que debe finalizar en orgas­mo. Una idea lineal y básica para todo lo rico que nos puede ofrecer una sexualidad plena. Hablar de sexualidad en adultos y adultos mayores es mucho más amplio, involucra expresiones muy diversas, que, en gran parte, no se encuentran afectadas por la edad.

La sexualidad adulta es emoción y comunicación, es algo de a dos que se hace por pasión y no con presión. Allí es cuando la experiencia acumulada puede hacer que el disfrute y placer no solo no disminuya, sino que sea mayor.

El paso del tiempo genera cambios en la respuesta al estímulo sexual. Desde erecciones menos rápidas e intensas en el varón a lubricaciones ausentes que a partir de la menopausia son parte de la vida de las mujeres. El clásico estudio del Consumer Report, que luego dio nombre al libro “Amor, sexo y envejecimiento”, pudo detectar, a partir de un cuestionario que respondieron más de 4.200 personas mayores en Estados Unidos, cerca de quince factores considerados “no sexuales”, que influían en la felicidad de la pareja.

Cuando la satisfacción en la relación es baja, la actividad sexual y el grado de placer que se obtiene a partir de ella suele estar afectado. Sexo, afectividad y felicidad son un eje indisoluble. La ecuación es compleja pero también simple, según como cada uno la quiera vivir.

 

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