Día Mundial del Corazón: promueven retomar las consultas médicas y el control de los factores de riesgo cardiovasculares

De acuerdo con los datos brindados desde la Fundación Favaloro, en el contexto de la pandemia los estudios diagnósticos coronarios cayeron en todo el mundo de manera muy significativa con cifras de hasta el 80%, mientras que la Argentina está en el segundo grupo de países con mayor caída. En la misma línea, un estudio realizado por la Sociedad Latinoamericana de Cardiología Intervencionista (SOLACI) demostró una disminución del 70% en los cateterismos diagnósticos por síndrome coronario agudo y del 40% en el tratamiento temprano del infarto.

Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte en el mundo, mientras que en la Argentina son las responsables, tal como refieren los datos de las autoridades sanitarias, de unos 100 mil fallecimientos por año. La buena noticia es que es posible prevenirlas y eso se hace fundamentalmente combatiendo los factores de riesgo cardiovascular. Entre los principales, se encuentran los antecedentes personales de enfermedad cardiovascular, la diabetes mal controlada, la hipertensión arterial, la dislipemia (colesterol o triglicéridos elevados), el tabaquismo, el estrés, el sedentarismo, el sobrepeso o la obesidad y la depresión. También hay factores que incrementan el riesgo y que integran la lista de los “no modificables”, como antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, ser mayor de 65 años (el riesgo se incrementa con la edad) y pertenecer al sexo masculino.

Día Mundial del Corazón: promueven retomar las consultas médicas y el control de los factores de riesgo cardiovasculares

Durante el confinamiento por la pandemia del coronavirus, el control de muchos de estos factores fue deficiente: un sondeo reciente de la consultora IPSOS sobre 30 países reveló que un 40% de los argentinos reconoció haber subido de peso superando el promedio mundial por 9 puntos (31%) y posicionándose como el quinto país con porcentaje más alto en este tópico, sólo superado por Brasil, Chile, Turquía y Sudáfrica. El promedio de aumento de peso fue de 6,1 kilogramos en la mayoría de los países encuestados, aunque en el país ese promedio fue de 7,5 kilos, posicionándose únicamente por debajo de México y Arabia Saudita.

“Lo que vimos fue un aumento de peso de entre 5 y 10 kilogramos en los pacientes que vinieron a la Fundación en 2019 y volvieron este año o a fines de 2020. Hoy no sabemos cuán peor estamos porque el impacto de todo lo que pasó en la pandemia se verá a mediano-largo plazo y un individuo que no logra corregir un factor de riesgo como la obesidad u otros, presenta riesgo elevado de desarrollar un episodio coronario en 10 o 15 años”, refirió Mendiz.

La crisis económica global derivada de la pandemia también preocupa y afecta al sistema sanitario y a la población en múltiples niveles. Particularmente, su impacto en la medicina cardiovascular se evidenció en un incremento en las dificultades para acceder a las tecnologías, equipamientos e insumos más modernos y afectó también la realidad cotidiana de muchos pacientes que tienen dificultades para acceder al sistema.

“El escenario es desafiante. Hoy hay mayores inequidades, mayores dificultades de acceso a los diagnósticos precoces y a los tratamientos. Muchas personas perdieron su trabajo y esto ocurrió a nivel mundial; la consecuencia es que hay más dificultades para adherir a los tratamientos y cumplir con los objetivos terapéuticos. A su vez, en una crisis económica global también se afecta la inversión para la investigación y el desarrollo. Por eso tenemos que insistir en la prevención como principal herramienta para cuidar nuestro corazón: el control de los factores de riesgo cardiovascular podría evitar un significativo porcentaje de muertes”, consignó Mendiz, al tiempo que destacó que “una buena estrategia a futuro es empezar desde la infancia a enseñar hábitos saludables”.

Atento a esta problemática y con la mirada puesta en la prevención responsable de los factores de riesgo, la iniciativa ‘¡Alerta! El corazón no puede esperar’, destaca las siguientes recomendaciones en línea con las establecidas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS):

Alimentarse adecuadamente: Es importante para el manejo y control de la hipertensión arterial, la diabetes y la obesidad, además de ayudar a prevenir el infarto agudo de miocardio y el accidente cerebrovascular.
Hacer actividad física: Ayuda a reducir el riesgo de hipertensión arterial, infarto agudo de miocardio, ataque cerebrovascular, diabetes, varios tipos de cáncer (incluido el de mama y colon) y la depresión.
Dejar de consumir tabaco: el tabaco mata a casi la mitad de sus usuarios y causa seis millones de muertes cada año. El 10% de estas muertes se produce por la inhalación pasiva de humo ajeno.
Por otra parte, la campaña hace hincapié en la importancia del reconocimiento de los síntomas indicativos de un infarto, tales como dolor de pecho que suele comenzar con alguna actividad y ceder con el reposo, dolor u opresión o ardor en la zona del esternón que se irradia al brazo o la mandíbula, falta de aire, síncope (desmayo) y palpitaciones, signos que pueden estar acompañados de náuseas o vómitos o sudoración y dolor o malestar en la zona del esternón que no cede en unos minutos. “Ante la presencia de cualquiera de estos síntomas, es imperativo llamar a Emergencias o acudir de inmediato al centro asistencial más cercano. Cuanto más se demora la atención médica, peor es el pronóstico y mayor el daño que sufre el corazón”, concluyó Mendiz.

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